Los norteamericanos CODEINE lograron a principios de los noventa la fórmula definitiva de una etiqueta que se dio en llamar “slowcore”. Los acordes de guitarra y bajo deshilachados, suspendidos en el aire, y la batería comatosa, se aceleran puntualmente para transmitir una sensación de rabia contenida, para retratar musicalmente el paso de la tristeza a la desesperación o la visión de la traición.
En plena resaca del grunge, el sello “Sub Pop” apadrinó la obra maestra de estos chicos de New York. Efectivamente, en comparación con los dos discos anteriores, “The White Birch's” suena infinitamente mejor, tal vez gracias a la mano en la producción Mike McMackin. Después el grupo se disolvió y la etiqueta “slowcore” pasó a mejor vida, aunque puede decirse que se reencarnó en estilos posteriores tales como el “post-rock” o el “post-metal”.
Algún día intentaré asistir a la procesión del Cristo Yacente de Zamora escuchando este disco en mi reproductor mp3. El que crea que estoy diciendo una bobada que escuche canciones como “Ides”.
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