EL PORQUÉ DE MIS PEINADOS

La música popular "independiente" vista por un aficionado. Hoy el problema es el exceso de información. Podemos conseguir de modo gratuito (e ilegal) cualquier tipo de música, además de los medios de comunicación generalistas hay medios especializados incluso en concretos estilos músicales, cada vez se edita más música... En fin, que la cuestión está en seleccionar y ahí es donde entro yo. Imaginad el tiempo y dinero que os vais a ahorrar.

1.7.08

PORTISHEAD - Third

Me he tomado mi tiempo antes de comentar el nuevo disco de los de Bristol para poder digerirlo reposadamente, primero porque la complejidad de “Third” es un reto al oyente y segundo porque estoy convencido de estar ante el disco del año y uno de los discos de la década.
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PORTISHEAD se han convertido en un ejemplo de honestidad artística brutal. Encerrados en la torre de marfil del éxito, decidieron saltar en lugar de acomodarse y languidecer como hacen el resto de los grupos y tras diez años regresan, no renegando de su pasado como si fueran un grupo nuevo o, como suele ser más habitual, retomándolo exactamente donde lo dejaron para dar a sus seguidores más de lo mismo, sino manteniendo las señas de identidad plenamente evolucionadas. Por si esto fuera poco, es un trabajo sin concesiones, como si esta vez quisieran asegurarse de que su obra no va a volver a convertirse en banda sonora de anuncios de televisión o en la música de fondo de los bares “modernos”. Al igual que hicieran los RADIOHEAD tras el “OK Computer”, parece que han querido quitarse la presión con un fracaso comercial premeditado, porque sin duda deben saber que van a perder a muchos de sus seguidores y que no van a captar nuevo público en el gran mercado. Claro que a RADIOHEAD la jugada les salió mal y aún se hicieron más grandes. Cito a RADIOHEAD y no lo hago por casualidad porque creo que musicalmente nada sería igual en este disco sin el trabajo de bastardización del rock que han llevado a cabo los de Thom Yorke durante los últimos años.
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El maridaje de lo antiguo y lo moderno, la convivencia de lo orgánico y lo digital que ha sido marca de la casa, en “Third” se convierte en ocasiones en una pugna, en una lucha entre el hombre y la máquina que refuerza el dramatismo de la propuesta. El mejor ejemplo de ello es “Machine Gun”, donde Beth Gibbons suena más desamparada que nunca ante unos ruidos amenazantes en primer plano. Y hablando de Beth Gibbons, esta mujer ya se encuentra en un nivel en el que no se encuentran calificativos, además de presentar su candidatura a los mitos de la música popular con esa imagen de personaje misterioso y torturado. Ahí está su decisión de no conceder entrevistas o las fotos promocionales publicadas en Rockdelux: Mientras que la cara de MADONNA ya empieza a dar miedo, en Beth Gibbons encontramos a una mujer madura que enseña sus arrugas como si enseñara con orgullo heridas de guerra.
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El trabajo empieza con “Silence”, perfecta carta de presentación porque es el paradigma del nuevo sonido pero que mantiene las señas de identidad: Son PORTISHEAD sin las bases del trip-hop. Tras “Hunter”, una nana turbia que podría pertenecer a la banda sonora de una película de David Lynch y “Nylon Smile”, viene la enorme “The Rip”, en mi opinión la mejor del disco junto a “Machine Gun”. Empieza con la delicadeza de una canción folk hasta que se produce una especie de acople en la voz de Beth Gibbons que desata la composición a un trote krautrock. “Plastic” es junto a “Small” y “Threads” las canciones más trip-hop, pero que en ningún caso se hubieran publicado hace diez años. “Deep Water”, composición cercana a lo que ha hecho Beth Gibbons en solitario, es el remanso de paz (aparente) que permite un respiro entre las dos canciones más desasosegantes del disco, “We Carry On” y “Machine Gun”. Con “Machine Gun”, emocionante lamento lanzado en las entrañas de una central nuclear, el grupo alcanza la cumbre. Contrastando con la más doliente interpretación Beth Gibbons, unas bases propias de la música industrial que derivan al caos digital suavizado para concluir con unos teclados de película de ciencia ficción de los años ochenta.

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